SAN BOSCO Y EL PANTANO

CORO ESTADO FALCÓN 

 

 


 

              

 






 

 

Don Bosco, al poner mis manos sobre  las tuyas,

Se que podré hacer lo que por mi mismo no puedo.

Ya no tendré miedo

A mi inestable fuerza de voluntad,

Ahora me siento confiado

 Asido de tu mano tierna y amiga

Que me da la fuerza y la seguridad

Para donarme como tú,

Generosamente a los demás 

 

Hernán Blanco 

 

 

 

El Autor 

 

 

 


 

 


                                               PANTANO ARRIBA

                                        Autor:   Hernán  Blanco    
   
Para 1930 El Pantano Arriba al este de la calle Iturbe, era un área bastante despoblada y muy enmontada de cardones y cujízales. En mi opinión aquí comenzaba el verdadero Pantano. No en balde la calle Iturbe se llamó antiguamente Calle La Ciénega, El Tanque de Los Díaz fue el centro de la gran Ciénega. Entre 1920 a 1940 en toda esa extensión que va desde la calle Iturbe hasta la Av. Los Médanos comenzó a ser habitada por las siguientes familias: Pedro Franco, Marcelina Carrasquero, Asunción Farías, Francisca, Romana y Mercedes Díaz, Asunción Valdez  y Bartolo Garcés, Crispulo Farías y Aurístela Sirit, Ramón Ugarte, Monche Chacarita, Rosa Loaiza, Pausalino Zea, Otilia Ugarte,  Aureliano Guanípa, Silverio Lugo, León Galicia, Juan Flores, Aurealiano Díaz, Angélica Machado, Zoila Acosta, Chindo Lugo, María Zavala, Castor Ugarte, Enrique Vargas, Rosalía González, Patricia Peña, entre otros

 

Hacia el norte, entre la desembocadura de la cañería dentro y fuera del área del aeropuerto, estaban la huerta de Jurado, las casas de Gregorio Rodríguez, Carmen Isolína Arévalo, Pastora Peña y Asunción Ugarte, Isidra Ugarte, Juan Francisco Hurtado, Federico Zambrano, Chiquinquira Rodríguez y la familia de Bernal Hurtado y Estefana Valdez, 



                     ACTIVIDADES ECONÓMICAS DE LOS PANTANEROS 



En el Pantano trabajaba todo el mundo, desde los más niños hasta los más viejos. La verdad es que a finales del siglo veinte no había trabajo para escoger. El sueldo mínimo de entonces de un empleado público era un  promedio de cien  bolívares mensuales.  La gran mayoría de nuestros jóvenes de entonces, trabajaban en algunas casas de familias pudientes, realizando tareas de limpieza y mantenimiento o en el comercio atendiendo un negocio, bajo ciertas condiciones que convenían  un los padres del trabajador y el empleador. Todo el que se empleaba bajo esta modalidad,  se decía que estaba concertado. La terrible situación económica de muchas familias llevó a muchos de nuestros jóvenes muchachos a realizar duros trabajos no acordes con su edad, pero que obligaban por razones de sustento. Lo más triste de todo esto fue que en muchos casos el trabajador no veía los reales por ser los padres quienes hacían efectivo el  pago.


Otras actividades que comúnmente realizaban los chamos de entonces eran entre otras, cortar pasto para vender o para el consumo del burro de la familia, (un saco se vendía por medio  0,25), cortar leña para vender, la venta de datos a medio la docena, el cagajón de burro pilado a real el saco, el tococoro o cardón que era utilizado para colocarlo en el armazón de las casas tenía un costo de Bs. 3, cuatro docenas, la sal que se cotizaba como si fuera oro, costaba ½ saco entre 4 y 5 cinco bolívares. Algunos, muy osados se atrevían a incursionar  en el área prohibida de la salina para robarla, corriendo el riesgo de ser detenidos por el resguardo. Una activad propia de las mujeres era el tejido de hamaca y alpargatas   


Cuando los carros hicieron su aparición, aparecieron también las grúas humanas que se daban la tarea de sacar los vehículos que se atascaban en la arena. Estos grupos de personas estaban debajo de los cujies esperando su “presa”. Se cuenta que algunos preparaban la trampa para que los carros cayeran.  
                                                     
                                  LAS BODEGAS  DE  PANTANO ARRIBA
 
La primera bodega de Pantano Arriba fue la de Benigno Perozo, situada por la calle Vuelvan caras y muchos años después la tuvo por la calle Duvisí 

 

 También estaba la bodega de Amado Guanipa donde actualmente esta la Farmacia La Milagrosa, así como la Bodega la Atracadora en la calle Urdaneta con Sierralta de Ángel Vicente Leal. En esta bodega se colocó el primer teléfono público del sector. En ese entonces hacía mantenimiento a las líneas telefónicas el Señor Tete Stekman.     


Chimino Guanipa también tuvo una bodega en la calle Urdaneta con Sierralta, y otra en la calle Miranda con Iturbe. Otra bodega fue la de Cecilio Acosta, esta estaba en la esquina Miranda con Duvisí. Diagonal estaba la de Emilio el Coco. En la calle Norte estaba la bodega de Sangronis y en la Urdaneta la Bodega El Arco de Manche Tremont.   


Otras actividades que realizaban la gente de El Pantano era la agricultura en los médanos. En época de lluvia todo el medanal se convertía en una gran huerta donde se cultivaba el frijol, la tapirama, auyama, patilla, el melón, la batata y otra variedad de cultivo de fácil reproducción en este ambiente. Entre esas personas que cultivaban la tierra fértil del medanal estaban Sergio Marín, Gollo Rodríguez, Pedro Jesús García, Eustacio Molina, Obdulio Galicia, Jacinto Nava, Justiniano Loaiza, Vicente Ollarves, Miguel Leal, Juan Hurtado, Aureliano Ugarte, Catalino Loaiza y  los hermanos Teodoro, Lourdes, José Manuel Higuera y Guillermo Loaiza. 

                                         

                                               BODEGA LA ROCHELA


En el actual Pantano Arriba tuvo una bodega Bonifacio Hernández. La más famosa entre todas, Bodega la Rochela, una referencia no sólo en el aspecto comercial sino también en el ámbito cultural y deportivo. Bonifacio, durante mucho tiempo promocionó la quema de Judas. Por estos lados no hubo mejor Judas que el de la Rochela. Este Judas era elaborado por Juan  Pontiles. Y el testamento era creación de Luís Ángel Rojas, un amigo maracucho de Facho que en Semana Santa venía a Coro, para compartir su rima con los pantaneros. Así mismo fomentó la práctica del béisbol entre la juventud pantanera a través de su propio equipo, la “La Rochela B.B.C.” Todo aquello que significaba alegría, recreación, diversión, fiesta, entretenimiento no le era ajeno a Facho. Él había nacido  para ser feliz y hacer feliz a su prójimo.        


Bonifacio nació en San Pedro, Municipio Zamora. Debido a la imposibilidad de sus padres para darle alimentación y educación, le fue entregado en adopción a la Sra. Adolfina Morales, madre de Tobito Morales, quien se lo lleva a Pedregal. Allí, la Sra. Morales, quién era prestamista lo mantenía ocupado realizando la cobranza a sus clientes. Cuando regresa a Coro, labora como colector en la ruta Coro La Vela en autobuses de Tobito Morales. 


La Señora Adolfina le había manifestado a Facho en varias ocasiones, estar dispuesta a montarle una ratonera tan pronto ella le viera la suficiente madurez para ocuparse de una responsabilidad mayor. Cuando Facho se decidió asumir el reto de lanzarse en  la búsqueda de su propio camino e independencia económica, la Sra. Morales cumplió su palabra dándole la ayuda financiera que le había prometido a aquel joven muchacho, que sin haberlo parido se había ganado su corazón a fuerza de lealtad y nobleza.


El joven Facho se estrenó como comerciante, en la ratonera que le puso Adolfina, frente al indio Manaure donde antes estuviera la Casa el Tornillo. De allí se mudó para donde actualmente funciona el Centro de Comunicación Ciudad Bitácora. Estando en ese local le sonrió la suerte al lograr meter 6 caballos en el 5 y 6. Gracias a ese premio Facho adquiere el terreno de la calle Urdaneta esquina con Chevrolet, el cual compra a un Señor de nombre Vicente Rodríguez. En ese sitio inauguró Facho en 1942, la gran Híper Bodega de El Pantano con Bar Restauran incluido, el negocio más prospero y famoso del lugar.


En La Rochela se vendía cemento, cal, leña, Querosén, víveres, comida, ropa. Hasta una fábrica de espagueti tuvo Facho en La Rochela. 

 

                     

                            HISTORIA DE LA EDUCACIÓN EN EL PANTANO

La primera escuela pública de El Pantano Arriba funcionó en una casa de media agua con piso de tierra que estuvo en el lugar donde ahora se encuentra la casa del Dr. Cuba. Fueron maestras en esta escuela: Esther Escalona y Rosa Cayama. Eso fue por el año 1946, cuando Ramona Molina contaba con once años de edad. Según Ramona, la maestra Rosa les daba una merienda de guarapo de leche con cambur.


En el año 1942, también funcionó una escuelita situada más o menos por donde estaba la bodega de Antonio pelusa, la cual era regentada por la maestra Lidia Torres. Los alumnos de entonces llevaban su silla y no se usaba el pizarrón. De allí, la escuela fue mudada a una casa que estaba en la Calle Falcón diagonal al Indio Manaure, propiedad de Perucho Fergusson. Los alumnos de esta escuela eran los hermanos Medina, conocidos como Los Juan Bimbita, Andrea García, Lusitania Caldera, Arminda Rivero, Charo Stekman entre otros.  


En el año 1949 funcionaba otra escuelita de dos turnos, con comedor en la calle Norte, en la casa de una señora a quien llamaban Chamela. Allí trabajó como docente Leonor Álvarez (Nona) y Argelia Villalobos de Sánchez. La encargada del comedor fue Emelina de Cayama. A esa escuela asistió Agustina Gómez, Omaira y Reina Díaz, Sixta y Petra Amaya, Omar Zambrano, Sergia Cayama, Blanca Cuba entre otras. Cuando esta escuela desapareció, la señora Candelaria Pulgar continuó un poco más arriba dando tareas dirigidas   


Porfirio Arcaya estudió en una escuelita que tenía Nona Álvarez por la calle Zamora y allí tuvo como compañeros a Pepe Lupe Polanco, Cecilia Mora y José Seméco


La primera Institución Educativa oficial con sede propia fue la Escuela Juan bautista Barrio, fue construida en el gobierno de Pérez Jiménez en el año 1957, donde estudiaría la tercera generación de aquellos muchachos nacidos en El Pantano, Chimpire y San Bosco. Entre las docentes que ejercieron aquí se recuerda a Juanita Naveda, Rosario Medina, Irma de Chirinos, Esperanza y Marbella Medina entre otras. Allí también trabajó en el turno de la Noche Arminda Rivero como docente municipal. 


En esta escuela trabajaba también Ligia Gamero, de quien todos los alumnos estaban enamorados.

                                                                    

                             LOS  CULTORES DE PANTANO ARRIBA

 

 

El primer grupo musical que los pantaneros conocieron fue el que integraban Belarmino Navarro, José Molina, Rito Atienzo y Julio Rosillo. La bandolina, el cuatro, el acordeón y el violín, eran los instrumentos ejecutados por estos señores. Pero fueron los hermanos Tellería los más famosos parranderos y serenateros que conoció El Pantano. Francisco, Manuel, Lorenzo, pasaron toda su vida cantando en las esquinas, llevando serenatas por todos los rincones del barrio. Los tres hermanos sabían tocar el cuatro. Lorenzo tocaba la guitarra pero francisco el más virtuoso de los tres tocaba, además del cuatro, la guitarra y el violín. Francisco se recorrió toda la Península tocando en pequeñas fiestas familiares, incluso, en una ocasión se llevó a Manuel a tocar una fiesta en Píritu, por supuesto que el viaje lo hicieron en el más noble de los medios de transporte que existía en aquel entonces, el burro. Manuel,  participó en muchas agrupaciones bailables de Coro y Punto Fijo como: el Conjunto Alegría, Alma Coriana, que dirigía Román González y Los Amanecidos. También tocó por mucho tiempo en el Coro de La Catedral.

 

Las fiestas de entonces en donde tocaron los Tellerías eran bailes de doble tanda. Entre El Faro, Tacuato, La Enramada, Cararapa, Palencia, Paguarita y el Tropezón, se realizaron muchas de estas fiestas en donde los Tellerías siempre estuvieron presentes. Las familias que habitaron toda esta parte del istmo, los Mora, Marrero, Tellería, Loaiza, se invitaban entre sí para las fiestas familiares. A estas reuniones, los y las invitadas llevaban una muda de ropa para continuar el baile el día siguiente. El baile duraba hasta la madrugada, después cada quien agarraba su hamaca y a dormir todo el mundo.

 

Los anfitriones preparaban un sancocho y cuando los invitados se levantaban la mesa estaba servida, a media tarde comenzaba la segunda tanda hasta el día siguiente cuando la caravana de burros con los invitados salía hacia los distintos destinos de donde habían llegado. En algunos casos la fiesta duraba hasta cuatro días. Cuando se agotaba la bebida espirituosa mandaban comisiones a buscarla a Coro. Mi abuelo  cuando hacía sus fiestas en El Faro, compraba el aguardiente por barriles 

    

Los hermanos Tellería llegaron al Pantano Procedentes de El Faro, sitio donde estaba la casa de habitación de la familia, que levantaron Rosa Tellería y José Blanco Fuente. La casa de familia fue también Oficina de Correo, ya que el progenitor de los muchachos  era el responsable de dicha oficina para la década del 20. El padre de los Tellería, José Blanco llegó Coro, procedente de Caracas, pero era oriundo de El Sombrero Estado Guarico. De su propio padre aprendieron los hijos a tocar los instrumentos de cuerdas que hemos mencionado.

             

Otros serenateros que parrandearon en el barrio por los cuatro costados fueron, Adán Fornerino, chive Mora Pedro José Diaz y Vicente Guanipa 

 

Los Hermanos Guerreros, Pedro, José y Enrique y el mismo Antolino eran muy aficionados a las parrandas y serenatas en El Pantano.                                      

                                          

                                         LOS HERMANOS ACOSTA 

 

La familia Acosta Medina procedente de Quitaragua es quizás el primer grupo musical que llega a Pantano Arriba, después haber vivido por varios sitios de Coro. Los esposos Justiniana Medina y Eliodoro Acosta, trajeron al Pantano el talento de sus hijos Bernardo (Violinista), Alberto (Cuatrista) José Venancio (tambora) José Dolores (maraquero), los cuales constituyeron el primer grupo musical organizado del Pantano Arriba. Debió ser a finales de los cuarentas cuando los hermanos Acosta eran los reyes de las fiestas familiares y tradicionales del Pantano. Los hermanos Acosta Siempre tocaban en las quemas de Judas, fue precisamente en una de esas fiestas cuando los artistas de Quitaragua dejaron de tocar para siempre por motivo de una sampablera que sucedió en el sitio. 



                                       EL CONJUNTO “LOS DUVISÍ”

 

La familia Palencia realmente nunca vivió en Duvisi, (pueblito del distrito Federación) como mucha gente cree, pero si en el Paují, allí nacieron, se criaron los hijos Concepción Flores Gutiérrez y Máximo Palencia Rivero, (Pedro, Pompeyo Roberto, Tomás y Honorio). Los Palencia fueron unos niños muy talentosos, quienes desde muy temprana edad comenzaron a  observar y escuchar en el entorno familiar, a un tío y a su padre cantando y ejecutando instrumentos musicales. En la comunidad del Paují, los hermanos Palencia comenzaron hacer gala de una genialidad musical poco común por esa geografía serrana, los niños prodigios comenzaron a destacarse como agrupación musical por los alrededores del Paují, a la casa de la familia llegaban los señores pudientes de la zona a solicitar los servicios de la agrupación, para amenizar las fiestas y para las románticas serenatas. La fama de los niños crecía, como abundaban los comentarios halagadores entre los cuales siempre estaban presentes los consejos de aquellos que avizoraban un futuro prometedor, en el horizonte de aquellos muchachos del Paují. Motivada por todos aquellos consejos la señora Concepción le hizo saber a Máximo su decisión emigrar a la capital para asegurarles el futuro a sus hijos. Buscar nuevos horizontes para su prole, era el sueño más grande pero por supuesto que aquella decisión Máximo no la compartía, aunque en el fondo de su corazón sabía que su señora tenía razón. Concepción era una mujer echada pa`lante como la mayoría de las mujeres de nuestros pueblos. Además era una mujer de fe. Creía en la tierra prometida, confiaba en la providencia, sabía que en su camino Dios iba por delante. Confiando en una amiga que tenía en Coro una Pensión. Teodora Meléndez hizo planes para el viaje. Así fue como contactó a un señor de nombre Antonio Sánchez que hacía el recorrido en un camión de Coro a Churuguara llevando y trayendo mercancías para que le hiciera el viaje, el cual se ofreció hacerlo sin ningún costo. Sería muy largo relatar todas las peripecias de la familia Palencia por aquellos infernales caminos que conducían a la capital.

    

Lo importante fue que llegaron a la cosmopolita y deslumbrante capital dejando con el corazón partido en su pueblo natal a Máximo y a Pedro quienes para no despedirse se habían ido a otro sitio.  La noche del día siguiente llegaron a la Pensión Churuguara de la Sra. Teodora con tan mala suerte que no había habitaciones disponibles, razón por la cual  tuvieron que colgar hamacas en rincón del solar. Al amanecer del primer día en Coro ya se había corrido el rumor huéspedes que aquellos niños venidos de Churuguara eran unos artista, no habían terminado de desayunar muy bien cuando ya estaba pidiéndoles que cantaran unas canciones, los niños no hicieron esperar mucho a aquellos improvisados fans deseosos de escucharlos. Como era de esperarse los niños hicieron su debut deleitando con su música a sus primeros admiradores corianos los cuales quedaron tan gratamente impresionados que a manera de agradecimiento hicieron una colecta entre todos para ayudar a Doña concepción y sus muchachos.

 

A los días conocieron a unos de esos ángeles que Dios pone en el camino de los que en fe se abandonan a su voluntad, ella fue  Sra. Nazaria Montiel  la cual les ofrece una habitación  en su casa de la calle Palmasola, mientras el caminos se aclaraban para los aventureros del Paují. 

 

Los Palencia vinieron hacer historia solo esperaban que  llegara el momento para lanzarse en búsqueda del el éxito que estaba a la vuelta de la esquina. A si fue como apareció el segundo ángel del camino, José Ramón Sierra el cual después de verlos tocar quedó tan impactado que de inmediato le propuso hacer una presentación en Radio Coro ofreciéndoles su propio vehiculo para trasladarlos. Este Ángel les aseguraba que la radio era la mejor alternativa para darse a conocer, y tuvo razón porque desde ese entonces no hubo fiesta donde no estuvieran presentes los Duvisí, nombre que se les asignó como producto de un concurso que se realizo en la misma emisora radial. En Radio Coro llegaron a ser estrellas exclusiva cobrando 5 bolívares por programa y las tarifa por fiesta o presentación oscilaba entre 5 y 10 bolívares que cobraba la Sra. Concepción representante  del grupo.  

   

Sin duda la Señora Concepción fue una mujer visionaria, soñó con la tierra prometida para la felicidad de sus hijos  y no escatimó sacrificios para lograrlo, hasta el esposo calladamente  aceptó la decisión de aquella sabía mujer que sabía lo que quería para sus hijos. La buena madre no sólo engendró hijos, caminó junto a ellos para hacerlos hombres de bien, les dio educación y los vio crecer por las sendas del éxito.   

 

Los hermanos Palencia después de hacer una larga pasantía por la escuela de música, pasaron hacer integrantes de la banda del estado por mucho tiempo. Tomás, fue profesor de música en la Escuela José David Curiel, en la cátedra de piano teoría y solfeo, y profesor de educación musical en la Escuela Pestalozzi. Así mismo funda la exitosa orquesta Copacabana. Después decide residenciarse en el Estado Zulia donde integra la banda de concierto Simón Bolívar. Posteriormente ocupó el cargo de cornista en la Orquesta Sinfónica de esa localidad. Finalmente junto a Honorio fundó varias agrupaciones musicales como la Micro banda Marabina, La Nueva Imagen, Orquesta la Gran Familia y la más famosa de todas, Los Tomasinos con la cual recorren varios países del Norte y Sur América. Honorio, el menor de los hermanos, tocaba el arpa, el bajo y el piano, participaba en un grupo de música venezolana llamado Los Liceístas. Además ha viajado por casi todos los países suramericanos llevando su música. En la actualidad es pianista en la banda de Pastor López.  

 

Roberto: fue sub. Director, y director de la Banda del Estado,  Profesor de Educación Musical en el Grupo Escolar Juan Crisóstomo Falcón y Supervisor del Área de Música  en la Dirección de Educación del Estado Falcón. 

 

Pompeyo además de ser integrante de La Banda del Estado fue docente en varias instituciones educativas y también  participo en varias agrupaciones orquestales del estado, además es un excelente y prolijo compositor. 

 

 

  

                                         INSTITUCIONES CULTURALES

                                            CENTRO POLIFORMATIVO

  

La Escuela Juan Bautista Barrios, fue la primera y más importante Institución educativa edificada en El Pantano, durante la gestión de Marcos Pérez Jiménez en el año 1957. Con la caída de la dictadura, la instalación fue prácticamente abandonada en 1959, con la mudanza de la matricula, anexada a la Escuela Normal José Mercedes Santelíz. Posteriormente la Normal fue mudada a Pantano Abajo, quedando la sede disponible para la Nueva Escuela Ciudad de Coro.

 

Esta instalación fue rescatada en el año 1962, por un gran luchador social promotor de la cultura y el deporte como lo fue Cesar Maduro Ferrer, el cual incentivo a un grupo considerable de jóvenes y no tan jóvenes vecinos de la comunidad, para acondicionar la instalación y ponerla al servicio del bienestar del pueblo. En ese rescate participaron entre otros Abel y Dolores, Pedro A Colina, Alberto Tua, Acosta, Ramón Medina, Neptalí Medina, Ramón Medina(kilito), Regulo Bueno, Antonio Tellería, Hipólito Garcés, Gonzalo Gómez Guillermo Colina, Julio García, Hermes Blanco, Omar González, Daniel Gómez, Leonel Hernández,  Juancho Salguiero, José Mavarez, Vladimiro García, Salvador Cristian, Los Hermanos Zambrano, los hermanos Santana, los hermanos Hurtado, Alexis Medina  Zea, Hermes Sánchez, Amabiles Silva, Tomás Aquino, Candido Peña..  Entre las Chicas estuvieron Gladys Garcés, Margarita Garcés, Dorys Salas, e Hilda Acosta

  

Este Movimiento Juvenil lo trajo Cesar Maduro de Pantano Abajo. Era una especie de Sociedad o Hermandad dedicada a la promoción de encuentros deportivos, excursiones y otras actividades culturales. Cesar, se los trae al sector para a los juóvenes pantaneros. Esta agrupación según Kilito tenía por nombre: Ella mi Chivo Yo. Fue así como nació el Poliformativo  
 

En esta institución durante mucho tiempo y hasta el presente se desarrollo un movimiento de grandes proporciones desde el punto de vista social, cultural y deportivo, en todo Pantano Arriba.

 

                                                BLASÓN GAITERO 

 

El Blasón Gaitero es otra Institución Cultural de El Pantano,  aunque naciera en Cabudare en 1960 bajo los auspicio de Neyda Miquilena para animar las fiestas navideñas. Entre otros fueron sus fundadores Juan José Lugo Navarro, Alírio Arévalo, Jairo Boscan, Juan José Naveda, Pedro Luis Romero, los hermanos Córdova, y un tal Peñita. En el año 1965 Ismael Rosillo estaba al frente del grupo e inicia los ensayos en El Pantano con otros integrantes entre los cuales se encontraban Daniel y Enrique Gómez, Luis Dercet, Leonel y Osman Hernández, Alí Chirinos, Omar Lovera, Ángel Batista, Ángel Luís Navarro. También integraron el grupo posteriormente Pedro Acosta, Jesús Santana, Romer Carrera, Pedro Chirinos, Pedro Perozo, Douglas Figueroa, Hernán Blanco, y las hermanas Gloria y Adilia Trasmonte. El Blasón aun vive gracias a la persistencia y fanatismo por la gaita de Osmán Hernández (Manche) su actual Director.

 

 

 

 

                                             PORFIRIO ARCAYA 

                                                   (La Dara)

 

Porfirio nació en El Pantano, en la calle Unión con Colina, frente al periódico La Prensa. 

 Las primeras letras las aprendió con su maestra Nona Álvarez, en una escuelita que esta tenía por la calle Zamora.

   

Desde temprana edad Porfirio se dedicó a aprender los secretos de la mecánica automotriz con su primer maestro Pedro Gómez, en un taller que administraba  Rafael Ramones en la Bomba de Nanito Pulgar, frente a la Iglesia de San Bosco. Siete años tenía Porfirio cuando comenzó a trabajar la mecánica. De allí se fue a trabajar con Arturo Wilson. A los 15 años ya trabajaba por su cuenta. El taller que siempre estuvo ubicado donde actualmente reside, se llamó en principio “Taller González” en reconocimiento a su progenitora Rosalía González. Posteriormente lo bautizó taller Arcaya. Porfirio trabajo 20 años en el Ministerio de la Defensa, como jefe de mecánica en el Batallón Girardot de esta ciudad. A donde el ejército lo necesitaba allá tenía que estar, en Puerto Cabello, Carúpano, en la frontera. En buena parte del territorio nacional anduvo Porfirio arreglando los vehículos de este ministerio. También le trabajó al Ministerio de Justicia y al Consejo Municipal como mecánico.                 


Después de tanto trabajar a organismos públicos, increíblemente Porfirio fue marginado por la seguridad de este país tan rico, al que tanto sirvió, la pensión que mereció y que tanto esperó para vivir dignamente su vejez,  nunca le llegó. Sin embargo esa situación no le quitó el sueño. Porfirio aprendió a liberar sus preocupaciones con la diversión y la pasión por el ciclismo, deporte que practicó desde muchacho, disciplina de la cual se considera fundador  

 

                                              PERUCHO GOMEZ

 

Pedro Gómez llegó muy niño a Coro con sus abuelos Santiago Polanco y María de la Paz Polanco a la edad de 7 años. La casa del Coronel Reyes fue la posada de la recién llegada familia paraguanera, mientras anduvieron en busca de una casa para mudarse. Los esposos  Polanco hicieron negocio por una casa que estuvo en la Calle Urdaneta. 


A muy temprano edad comenzó a trabajar. Su primera experiencia laboral en calidad de concertado la vivió en la casa de los esposos  Ángel Carwinter y la Señora Jovita Olivares. Allí regaba las matas y hacía los mandados. Después fue llevado por sus abuelos a trabajar con las hermanas Morón. Aquí era todero, hacía de todo especialmente compraba los víveres revendían en la bodega, Las Niñas como el las llamaba, Ismenia, Carlota, Rosana, y Elisa, fueron mujeres muy piadosas que preparaban a los niños para el catecismo y les ensañaban a leer y escribir. En ese tiempo Perucho colaboraba tocando las campanas de la Iglesia San Gabriel. Los sacerdotes que atendían la comunidad Perucho los recuerda como el P. López y el P. Santíco.

 

A la edad de 11 años comenzó a trabajar con Rafael Ramonez en el taller de Carlito Leen en la calle Buchibacoa. De allí se fue a trabajar al taller del Wilson en la calle Falcón.  Después se fue a un taller que tenía el Chino Chong  en La bomba que posteriormente adquirió Jesús Borregales. Así iba Perucho acumulando experiencia de taller en taller. Con su Hermano Jorge Gómez alquilaron un espacio a Alejandro Crasto para montar un pequeño taller,  su primera experiencia independiente. Una vez más Vuelve a encontrarse con Rafael el Ramonez, su maestro en la Estación de Servicio de Tobito Morales. Estando allí hacía frecuentes viajes a Cabimas para buscar gasolina, acompañando a Rito Barbera, como ayudante de mecánica. Entonces la gasolina se traía en Barriles y el llenado se hacía manualmente.  En Punto Fijo también tuvo su experiencia en un taller que le cedió Edgardo Fuguet.  De regreso a Coro trabaja nuevamente con Rafael Ramonez  en una bomba que tenía Nanito Pulgar, frente a la Iglesia de San Juan Bosco. De allí en adelante Rafael Ramonez se independiza y funda su estación de Servicio Ramonez, donde Perucho asume la responsabilidad como Mecánico, Jefe del  taller de dicha estación.

 

Cuando Perucho consideró que ya había acumulado suficiente experiencia, decidió  definitivamente a crear su propia empresa  que registró con el nombre de taller Miranda. 

 

 

                                                  
                                           JULIO GUANIPA CALDERA

 

El Pantano que Julio Guanipa conoció a su llegada a Coro en el año 1930 cuando apenas contaba con diez años de edad, era una llanura enmontada de cujies, cardones y tunas. Tan sólo existían en estos terrenos unas casas que tenían los de D´Limas y una muy conocida como la casa del Padre Leña. 

 

 En una de las casas mencionadas en la cual vivía Aureliano Díaz, llegaron procedente de Moruy, los esposos Lorenzo Guanipa y Arminda Caldera de Guanipa con sus pequeños hijos, después de cruzar el árido desierto de la Península de Paraguaná a pie en compañía de un extraordinario burrito, en cuyo lomo venían las maletas y los elementales enseres, para iniciar la nueva vida que les esperaba en Coro.

  

Aureliano Díaz fue un Paraguanero que logró a fuerza de de trabajo y honestidad sobretodo, ganarse la confianza de esos grandes comerciantes Judíos que en el pasado coparon la escena mercantil de la ciudad como fueron los D`Limas. Este personaje con gran sabiduría supo aprovechar su ventajosa posición, para desarrollar una gran labor de humanidad en pro de aquellos paraguaneros, que en busca de nuevos horizontes llegaban a nuestra ciudad. Aureliano fue algo así como el paño de lágrimas de los Guanipa. 

 

El generoso Aureliano, no tardó en conseguir en trabajo para Lorenzo, al cual gracias a su influencia pudo colocar en una huerta que Los D`Limas tenían al sur de la ciudad. En esa huerta comenzó el sueño, que los Guanipa vinieron a buscar y que gracias a Aureliano pudieron encontrar. 

 

Julio, nació el 19 de julio de 1920, en la población de Moruy. Las primeras letras las aprendió con su maestra Blanca Morón de Irausquín. Una vez instalado en Coro, Julio no tuvo tiempo para jugar, ya que desde muy temprana edad debió trabajar para Contribuir con la manutención de la familia. Fue el propio Aureliano, quien lo coloca en una farmacia de los D`Lima que regentaba el Dr. Eudoro Martínez Berrios. Esta Farmacia estuvo ubicada en el Callejón Talavera. Allí comenzó Julio a trabajar en calidad de concertado, especie de convenio o entendimiento que se establecía entre el padre del niño y el dueño de la empresa. En ese entonces eran muchos los niños concertados en el comercio y en las casas de las familias pudientes. El trabajo que julio desempeñaba en la farmacia, lo alternaba haciendo los mandados de la familia. De la farmacia salio Julio a los catorce años para un nuevo trabajo que le consiguió el propio Dr. Eudoro, con otro conocido comerciante de la ciudad, el señor Diego Bracho, el cual tenía una bodega en la calle Manaure. 


Para este tiempo los Guanipa ya se habían ido de la huerta de los D`Lima, para residenciarse en una casita que construyeron en la llanura de Bobure o Bobare como se le conoce hoy, en el año 1937 en la intersección de la Calle Garcés con Pinto Salinas. Por cierto, que la madera con la cual construyen dicha casa fue traída del terreno que limpiaron en la Av. Falcón, hoy Independencia para construir la sede de Radio Coro. Los Guanipa fueron los primeros que hicieron casa en esa localidad 

 

 De Bobare,  los Guanipa se mudan a El Pantano donde fijan su residencia definitiva en una pequeña casa de bahareque que adquieren por un costo de 300 bolívares. Eran muy poca las casas que habían por ese sector que hoy se conoce como Pantano Arriba cuando llegan los.  En la década del 40 Julio se va a trabajar con los propietarios y fundadores del Club Concordia, entre los cuales recuerda a Diego Bracho y a Pache Leal. Julio se considera también fundador de dicho Club por ser él uno de los primeros empleado de dicha empresa, que también lo llamaban el Club de los Rancheros porque la zona era conocida como Los Ranchos  Entre otras cosas Julio hacia la cobranza a los socios. 


A la edad de 21 años, contrae nupcias con María Marcelina Polanco con quien engendra catorce hijos, nueve hembras y cinco varones.  


El año 1947 con una recomendación de Pedro Luís Bracho Navarrete fue reportado en la empresa petrolera, donde se mantuvo por 37 años 

 

 

                                                      HERNÁN BLANCO  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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